Contrapúblicos
Los contrapúblicos se entienden como colectivos conformados por sujetos que comparten el interés en torno a una demanda o temática de carácter colectivo, pero que, debido a las relaciones de poder a las que se ven sometidos, no gozan de condiciones equitativas de acceso a la esfera pública hegemónica.
Estos actores se articulan políticamente en múltiples arenas marginales. A partir de las desigualdades estructurales que caracterizan a las democracias contemporáneas, no todos los grupos sociales poseen las condiciones necesarias para acceder a los espacios donde se debaten ciertos temas e intereses.
Desde una perspectiva relacional del poder, estos grupos experimentan formas de opresión y se encuentran en situaciones de subalternidad. Históricamente, la constitución de tales contrapúblicos ha sido crucial para visibilizar tanto a colectivos vulnerables y minorías (étnicas, de género, sexuales, entre otras) como a problemáticas circunscritas al ámbito privado (como la violencia doméstica).
Estos grupos presentan una constitución compleja, son diversos y pueden manifestar tensiones y divergencias internas. En su mayoría, se configuran en torno a un interés colectivo, lo que implica la coexistencia de múltiples contrapúblicos que operan simultánea y paralelamente a la esfera pública dominante, según sus demandas. A diferencia de otras formas de organización, estos colectivos se distinguen por su acción política y su capacidad de movilización orientada a alcanzar visibilidad.
A partir de la crítica a la construcción teórica de Habermas (1964) sobre las características del modelo de esfera pública propuesto por el autor, Fraser (1999) introduce el concepto de contrapúblicos. El modelo según el cual “la discusión debería ser abierta y accesible para todos, los intereses meramente privados serían inadmisibles, las desigualdades de estatus quedarían entre paréntesis y los debatientes deberían deliberar como iguales” (Fraser, 1999: 59), no logra dar cuenta de las realidades de las democracias actuales.
Las democracias se caracterizan por contener desigualdades estructurales en el acceso, por la presencia de temas privados que no están necesariamente desvinculados de los intereses públicos, así como por el hecho de que no todos los ciudadanos son tratados como iguales (hay dominantes y dominados). En este contexto, surgen públicos paralelos y en competencia, articulados en torno a demandas y temáticas comunes.
Los conceptos de poder, dominación y subordinación resultan fundamentales para delimitar el concepto de contrapúblicos desde la perspectiva de la subalternidad (Fraser, 1999). Los contrapúblicos subalternos existen porque determinados grupos se encuentran en una posición de desventaja: son oprimidos y silenciados, por lo que deben crear sus propias arenas paralelas desde las cuales hacen circular sus contradiscursos -en torno a sus identidades, intereses y necesidades- que no encuentran visibilidad en la esfera pública hegemónica.
Los contrapúblicos son diversos. Para Fraser (1999), esta pluralidad es más saludable que pensar en una única esfera pública. Además, estos colectivos configuran sus propios espacios, en competencia con la esfera pública dominante, ya sea como instancias de reagrupamiento, intercambio discursivo y apoyo mutuo (por ejemplo, entre mujeres, trabajadores o campesinos), o bien como “plataformas y campos de entrenamiento para actividades de agitación dirigidas a públicos más amplios” (Fraser, 1999: 68).
Warner (2002) también propone el uso del término contrapúblicos para referirse a aquellos que se estructuran en oposición al público dominante, que sostiene una discusión universal. Dado que no todos los públicos logran que sus temas e intereses sean aceptados por el público general, emergen estos grupos caracterizados por una “relación conflictiva con el público dominante” (Warner, 2002). A la dimensión del poder ya mencionada, se suma entonces una lógica de conflicto y oposición.
Squires (2002) enriquece este debate al analizar la cuestión racial y proponer un vocabulario más preciso para abordar las especificidades de estos grupos que se organizan de forma paralela a la esfera pública. Así, plantea la existencia de múltiples públicos subalternos que coexisten y operan de diversas formas, los cuales pueden ser definidos como públicos de enclave, contrapúblicos y públicos satélites (Squires, 2002: 448). Los primeros están ausentes de la esfera pública dominante debido a una represión sancionada, los segundos se involucran activamente en acciones de protesta y desobediencia civil, mientras que los terceros permanecen más separados y sólo participan de forma ocasional en debates y acciones políticas.
Desde esta perspectiva teórica, algunos investigadores han adoptado el concepto de contrapúblicos para analizar dinámicas contemporáneas, basadas en la noción de subalternidad y en las oportunidades que estas arenas paralelas ofrecen a distintos grupos sociales (Belin & Rizzotto, 2025; Ademolu, 2024; Mpofu, 2023).
Si bien los autores mencionados anteriormente son fundamentales para comprender la trayectoria teórica del concepto de contrapúblicos, ello no implica que su aplicación empírica se haya restringido únicamente a grupos subalternos. El concepto ha sido incorporado también para analizar agrupaciones de extrema derecha que se organizan en entornos digitales. Kaiser y Rauchfleisch (2019) sostienen que los contrapúblicos fuertes pueden radicalizarse y utilizan como ejemplos los casos de Stormfront y Generation Identity. Por su parte, Rocha, Solano y Medeiros (2021) aplican el concepto para referirse a la conformación de la red bolsonarista en Brasil. Figenschou y Thorbjørnsrud (2023), aunque reconocen que no se trata de colectivos históricamente marginados, también vinculan el concepto a grupos antiinmigración. En este sentido, ciertas interpretaciones dejan de lado la perspectiva de subalternidad propuesta por Fraser (1999) y se alinean más con la concepción de Warner (2002), centrada en el discurso dirigido a interlocutores indeterminados, pero socialmente marcados por posiciones ideológicas.
A partir de esta pluralidad de apropiaciones conceptuales para analizar diferentes formas de agrupamiento público, Jackson y Kreiss (2023: 107) critican el uso superficial del término contrapúblicos y afirman que su empleo ha resultado “normativamente peligroso y teórica y empíricamente impreciso”. Aunque Fraser (1999) ya advertía que los públicos subalternos no eran necesariamente virtuosos, pudiendo incluso adoptar posturas antidemocráticas y antiigualitarias, estos autores subrayan la necesidad de considerar las relaciones de poder instituidas. Jackson y Kreiss (2023) ejemplifican su argumento con un movimiento de derecha que siempre ha defendido un orden racial jerárquico y que, por ello, no podría ser clasificado como un contrapúblico.
En este sentido, Jackson y Kreiss (2023) proponen que el término más adecuado sería el de públicos defensivos. Esta precisión teórica busca evitar el riesgo de legitimar formas de opresión que los contrapúblicos precisamente combaten. Así, sostienen que cualquier grupo que adopte discursos orientados a preservar desigualdades estructurales en diversas dimensiones del poder -ya sea por razones de raza, género, orientación sexual, religión o clase social-, como es el caso de los movimientos de extrema derecha, no debería ser conceptualizado como un contrapúblico. Los autores defienden que toda clasificación debe tener en cuenta las estructuras sociales y la posición que ocupan estos grupos en las relaciones de poder, siendo fundamental el análisis del contexto histórico para evaluar con precisión contra qué luchan.
Dos enfoques resultan relevantes para los estudios sobre la esfera pública postmediática. El de los contrapúblicos mediados por plataformas digitales y el de los medios digitales alternativos. Tanto los grupos subalternos como los feministas que debaten sobre el aborto (Belin & Rizzotto, 2025), como aquellos no subalternos, como los de extrema derecha (Kaiser & Rauchfleisch, 2019), se apropian de estos espacios.
El primer eje de investigación se centra en cómo se crean contrapúblicos digitales. Es decir, estos grupos pueden formar espacios propios en plataformas. Belin y Rizzotto (2025) analizan cómo los grupos cerrados en estas redes son utilizados para la creación de redes de apoyo y conformación de contrapúblicos en torno a los derechos reproductivos. En una perspectiva similar, Mapfu (2023) aborda el papel de los blogs como herramientas para la emancipación y la circulación de contradiscursos feministas, sobre todo aquellos producidos por mujeres en Zimbabue.
No obstante, más allá de estos espacios cerrados, la literatura también investiga cómo los espacios abiertos de participación pueden ser interpretados desde la perspectiva de los contrapúblicos. Es el caso de Toepfl y Piwoni (2015), quienes observaron comentarios en noticias publicadas en medios alemanes y constataron la formación de distintos contrapúblicos. Del mismo modo, Xu (2020) analiza las acciones conectivas a través de X en la configuración de contrapúblicos (Alt-right y Antifa) organizados mediante el uso de hashtags.
En la misma línea, Ademolu (2024) estudia la etiqueta #TheAfricaTheMediaNeverShowsYou también en X, entendiéndola como un contradiscurso movilizado por comunidades afrodescendientes del Reino Unido para contrarrestar las representaciones mediáticas hegemónicas. Si bien los medios de comunicación tradicionales, vinculados a la esfera pública, construyen una imagen dominante sobre África, X se convierte en un espacio de actuación para contrapúblicos, en este caso, las comunidades afro del Reino Unido.
Los contrapúblicos que se conforman como redes alternativas de circulación de información ponen en circulación contenidos ausentes, tanto en los medios tradicionales como en los de servicio público, siendo fundamentales para la propia existencia y sostenibilidad de los contrapúblicos. Como señala Fraser (1999), la esfera pública se estructura en gran medida a partir de los flujos informativos de los medios comerciales. Por ello, los contrapúblicos movilizan sus propios recursos mediáticos (Squires, 2002) y, según Belin y Rizzotto (2025), se vuelven esenciales al facilitar la circulación de información a los demás. Es decir, los propios grupos difunden estas fuentes alternativas, como también destacan Figenschou y Thorbjørnsrud (2023). Asimismo, el propio acto de compartir noticias alternativas contribuye a la conformación de comunidades de consumidores, lo que, según Mayerhöffer, Gripsrud y Sjøvaag (2024), da lugar a contrapúblicos digitales con identidades ideológicas diferenciadas. En esta línea, Luna, Toro y Valenzuela (2022) desarrollan un estudio sobre el intercambio de noticias en Chile, sugiriendo que el consumo y la diseminación de medios alternativos puede haber consolidado las acciones de protesta de los contrapúblicos de izquierda, dado que estos medios demostraron ser más eficaces en la difusión de sus mensajes.
Entradas relacionadas:
- Esfera pública digital
- Polarización
Referencias:
Belin, L. L., & Rizzotto, C. C. (2025). “Buy clandestine misoprostol, get feminist advice for free: powerful narratives in women’s digital counterpublics on reproductive rights in South America”. Third World Quarterly, 1–20.
Figenschou, T. U., & Thorbjørnsrud, K. (2023). “Interpretive communities of resistance: Emerging counterpublics of immigration alarmism on social media”. New Media & Society, 27(3), 1607–1624.
Fraser, N. (1999). “Rethinking the Public Sphere: A Contribution to the Critique of Actually Existing. Democracy”. In Habermas and the Public Sphere, edited by C. Calhoun, 109-142.
Habermas, J. (1989). The structural transformation of the public sphere: An inquiry into a category of bourgeois society (T. Burger & F. Lawrence, Trans.). MIT Press.
Jackson, S. J., & Kreiss, D. (2023). “Recentering power: Conceptualizing counterpublics and defensive publics”. Communication Theory, 33(2–3), 102–111.
Kaiser, J., & Rauchfleisch, A. (2019). “Integrating concepts of counterpublics into generalised public sphere frameworks: Contemporary transformations in radical forms”. Javnost-The Public, 26(3), 241-257.
Luna, J. P., Toro, S., & Valenzuela, S. (2022). “Amplificando esferas contrapúblicas nas mídias sociais: Compartilhamento de notícias alternativas versus tradicionais após o levante chileno de 2019”. Social Media + Society, 8(1), 20563051221077308.
Mayerhöffer, E., Kristensen, J. B., & Ramsland, T. (2024). “Curators of digital counterpublics: Mapping alternative news environments in Sweden and Denmark”. Nordicom Review, 45(s1), 92–119.
Mpofu, S. (2023). “Digital media and discursive contestation: The importance of feminist counterpublics online”. Communicatio, 48(4), 1–18.
Rocha, C., Solano, E., & Medeiros, J. (2021). The Bolsonaro paradox. The public sphere and right-wing counterpublicity in contemporary Brazil. Springer.
Squires, C. R. (2002). “Rethinking the Black Public Sphere: An alternative vocabulary for multiple public spheres”. Communication Theory, 12(4), 446–468.
Warner, M. (2002). “Publics and counterpublics”. Public Culture, 14(1), 49–90.
Investigador responsable de la entrada: Michele Goulart MassuchinVOLVER A LA PÁGINA INICIAL DEL ATLAS