Feminismo y Extended Parallel Process Model
El feminismo es un movimiento social, político y cultural que lucha por la igualdad de derechos entre mujeres y varones. Surge como respuesta a las históricas desigualdades de género y se manifiesta en múltiples olas o corrientes, cada una con objetivos y contextos específicos. Es definido como movimiento social por la filosofía política (Amorós, 2000) y supone un cuestionamiento de las relaciones de poder, tanto en el ámbito público como privado, en torno a la jerarquía acríticamente asumida entre las dos modalidades sexuadas de la especie humana (patriarcado).
En este sentido, una de las consignas centrales del feminismo de los años setenta fue “lo personal es político” (Hanisch, 1970), en un contexto teórico en el que Kate Millett (1970) contribuyó decisivamente a pensar las relaciones personales y sexuales como relaciones de poder. “De este modo, el feminismo venía a decir que las relaciones llamadas personales no sólo son políticas en el sentido de que son relaciones donde el poder se ejerce de hecho, sino que deben ser politizadas porque, partiendo de la innegabilidad de que son políticas, no se puede dar por bueno sin más su modus operandi” (Amorós, 2000: 13).
El feminismo abarca también intersecciones con otras formas de opresión, como el racismo o la clase social. Y está relacionado, teórica y prácticamente, con otros movimientos sociales como el ecologismo y el pacifismo.
El Extended Parallel Process Model (EPPM, Modelo Ampliado de Procesamiento Paralelo) es una teoría de la comunicación persuasiva desarrollada por Kim Witte (1992) que explica cómo las personas responden a mensajes de miedo. El modelo plantea que la efectividad de estos mensajes depende del equilibrio entre la percepción de amenaza (gravedad y vulnerabilidad) y la percepción de eficacia (autoeficacia y eficacia de la respuesta). Si la amenaza se percibe como alta y la eficacia también, el receptor adopta conductas preventivas. Si la amenaza es alta pero la eficacia percibida es baja, se produce una respuesta de miedo que lleva a la negación o evasión del mensaje.
A partir de teorías como el feminismo liberal, radical, marxista/socialista, interseccional, poscolonial/decolonial o queer, se analiza cómo el poder y la representación afectan a las mujeres y a otras identidades subalternas. En el terreno de lo empírico se traduce en estudios que visibilizan brechas de género, violencia simbólica y exclusión en diversas esferas (medios, política, trabajo) mediante metodologías cualitativas (entrevistas, análisis de discurso) y cuantitativas (encuestas, análisis de contenido).
Desde el punto de vista teórico el Extended Parallel Process Model (EPPM) se sustenta en la psicología de la comunicación persuasiva y del comportamiento preventivo. A nivel empírico, se aplica en estudios de campañas de salud pública o prevención de riesgos, que miden la percepción de gravedad, vulnerabilidad, eficacia de respuesta y autoeficacia mediante cuestionarios. Sus hallazgos permiten optimizar mensajes para provocar una reacción de control del peligro, en lugar de una respuesta defensiva ante el miedo.
Desde el feminismo interseccional, resulta clave atender a cómo se cruzan género, raza, clase y otras categorías, ya que el lenguaje reproduce, y puede también subvertir, desigualdades estructurales. Esta mirada permite problematizar el sesgo androcéntrico presente en definiciones, usos y silencios. Además, el feminismo decolonial nos invita a cuestionar epistemologías dominantes y a recuperar saberes situados, especialmente del Sur Global, ampliando el alcance semántico del diccionario.
Desde el EPPM, el análisis del lenguaje puede centrarse en cómo se codifican la amenaza y la eficacia en los discursos, sobre todo en aquellos vinculados a campañas públicas o narrativas de miedo de los partidos de extrema de derecha. Este enfoque aporta herramientas para identificar estrategias persuasivas y evaluar si promueven la acción o refuerzan respuestas defensivas.
Desde una perspectiva empírica, es clave considerar cómo se construyen, reproducen y resignifican los conceptos en contextos reales de uso. La observación directa, entrevistas semiestructuradas o análisis del discurso permiten identificar no solo las definiciones formales, sino también los significados implícitos, ambigüedades y disputas en torno a ciertos términos. En el caso de categorías con carga ideológica —como género, seguridad, amenaza o ciudadanía—, es útil analizar cómo son empleadas por distintos actores (instituciones, medios, activismo, ciudadanía) y en qué contextos (Iranzo-Cabrera et al., 2024).
Incorporar una mirada feminista implica prestar atención a las voces tradicionalmente silenciadas, registrando cómo mujeres, disidencias o colectivos marginados conceptualizan y resignifican términos clave. Por otro lado, aplicar empíricamente el EPPM puede orientar la codificación de mensajes que apelan al miedo o a la eficacia de la acción, ayudando a identificar patrones lingüísticos que motivan (o inhiben) la respuesta social ante determinados problemas.
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Referencias:
Amorós, C. (2000). Feminismo y filosofía. Madrid. Síntesis.
Witte, K. (1992). Putting the fear back into fear appeals: The Extended Parallel Process Model. Communication Monographs, 59(4), 329–349. https://doi.org/10.1080/03637759209376276.
Hanisch, C. (1970). The personal is political. En S. Firestone y A. Koedt (Eds.), Notes from the second year: Women’s liberation (pp. 76-78). Radical Feminism.
Iranzo-Cabrera, M. et al (2024). Journalists’ Ethical Responsibility: Tackling Hate Speech Against Women Politicians in Social Media Through Natural Language Processing Techniques. Social Science Computer Review, 0(0). https://doi.org/10.1177/08944393241269417.
Millett, K. (1970). Sexual politics. Doubleday.
Investigador responsable de la entrada: María Iranzo-CabreraVOLVER A LA PÁGINA INICIAL DEL ATLAS