Polarización (política y afectiva)
La polarización política se refiere, según el estudio clásico de Fiorina y Abrams (2008), a una fuerza centrífuga que empuja las opiniones de los ciudadanos hacia los extremos en una imaginaria línea de distribución de actitudes en los más diversos temas de discusión político-social. Desde una distribución que podría parecerse a una campana de Gauss (o distribución normal), la polarización se presenta como la progresiva despoblación del centro y la huida de las opiniones o actitudes hacia los extremos, los polos opuestos. Esto dibuja una situación social conflictiva en la que el acuerdo entre diferentes se haría mucho más difícil.
En los últimos tiempos este concepto de polarización política ha sido completado con el de polarización afectiva (o social) que se refiere a otro tipo de polarización generada en torno a identidades sociales partidistas que se construyen alrededor de los sentimientos de adhesión social de las personas a ese grupo social (y no tanto a las preferencias por determinadas políticas públicas o por posicionamientos en temas de debate) (Torcal, 2023).
Es decir, si la polarización política aplica al posicionamiento en temas, la afectiva tiene que ver con la adhesión a un grupo al que se pertenece. A partir de esta adscripción se observan estereotipos tanto hacia adentro (sobredimensión de las capacidades del grupo) como hacia fuera del grupo (hostilidad hacia otros colectivos).
Los estudios de polarización, tanto en Estados Unidos como otros países como España, ofrecen de forma abrumadora una visión de la polarización como un fenómeno altamente disfuncional para la calidad de la discusión pública y, por lo tanto, para los sistemas democráticos en su conjunto.
La polarización y, sobre todo, la polarización afectiva explica, según parte de la literatura especializada (Klein, 2021; Mason, 2018), el tribalismo, la escasa empatía de unos individuos de unos grupos con otros, el fanatismo y una forma de ver la política como un asunto en el que lo más importante es ganar a toda costa porque se trata de una cuestión de autoestima.
Según esta visión, las distintas identidades sociales (ideología, raza, religión, hábitat…) se están alineando en los partidos políticos. De esta forma, en lugares como Estados Unidos sentirse parte del grupo de los demócratas, por ejemplo, implica una ideología progresista, pero también una cierta simpatía por las minorías raciales hispanas o afroamericanas, las confesiones religiosas más minoritarias o la vida en las ciudades. Sentirse parte de los republicanos, por el contrario, tiene que ver con una ideología conservadora combinada con una clara cercanía a las personas blancas, protestantes y habitantes de la América profunda (rural). Esta superposición de identidades en los partidos vuelve a la polarización (afectiva) mucho más potente y amenazadora para la democracia.
Desde el punto de vista teórico, uno de los aspectos más interesantes en los estudios sobre polarización tiene que ver con la relación que se pudiera establecer entre estos fenómenos políticos polarizados y el nuevo espacio público postmediático. Algunos autores (Sánchez-Cuenca, 2022; Vallespín, 2021) señalan que la desintermediación del espacio público es el causante de la polarización, al menos en el momento presente. Su argumento es sencillo: en la media en que el espacio público se ha quedado huérfano de mediación con el paso atrás que están dando los partidos políticos y los medios de comunicación, caben ahora en él muchas más voces. El espacio público postmediático estaría constituido, así, por una mayor cantidad de emisores, temas y encuadres y, en buena lógica, ello podría implicar una mayor distancia y enfrentamiento entre unos posicionamientos y otros (polarización).
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Referencias:
Fiorina, M. P. y Abrams, S. J. (2008): “Political Polarization in the American Public” Annual Review of Political Science, 11. Pgs. 563-588.
Klein, E. (2021): Por qué estamos polarizados. Madrid. Capitán Swing.
Mason, L. (2018): Uncivil Agreement. How Politics become our Identity. Chicago. The University of Chicago Press.
Sánchez-Cuenca, I. (2022): El desorden político. Democracias sin intermediación. Madrid. Catarata.
Torcal, M. (2023): De votantes a hooligans. La polarización política en España. Madrid. Catarata.
Vallespín, F. (2021): La sociedad de la intolerancia. Barcelona. Galaxia Gutenberg.
Investigador responsable de la entrada: Antón R. CastromilVOLVER A LA PÁGINA INICIAL DEL ATLAS